La desigualdad te ayuda a progresar.
- Nancy Hernandez Nava
- 27 nov 2024
- 2 Min. de lectura
La mayoría de las ocasiones nos han hecho creer que la desigualdad es el peor de los males que no permite el progreso de las personas. Pero en realidad la desigualdad es una ventaja para resaltar las habilidades y capacidades individuales.
La única igualdad que tendría que existir es la igualdad ante la ley y a partir de ello permitir que cada individuo trabaje para lograr sus objetivos individuales.
Cada ser humano es único, tiene ideas, creencias, habilidades, capacidades y valores que han sido transmitidos por otras generaciones, el pensamiento es individual y eso principalmente nos hace desiguales, cada individuo tiene un conjunto único de atributos que le permiten pensar, elegir y actuar. Al hablar de igualdad lo único que sucede es que propiciamos mayor desigualdad, por que cada persona tiene necesidades y objetivos diferentes, por lo que la igualdad solo limita la libertad individual. Al ser distintos tenemos la oportunidad de destacarnos en ciertos aspectos que otras personas no pueden tener.
Entonces la desigualdad te ayuda a progresar, porque cuando haces uso de ese conjunto de atributos únicos para conseguir tus fines personales, tienes la oportunidad de pensar y crear algo distinto. Si todos pensamos y actuamos de la misma forma se ve limitada la creatividad y las nuevas ideas. Los grandes logros los han conseguido quienes se atreven a pensar fuera de serie, quienes intentan, se arriesgan y no paran hasta conseguir lo que desean.
¿Igualdad de oportunidades?
Muchos pugnan por generar la igualdad de oportunidades, pero realmente esto no puede ser posible, ni ejecutable. Al ser desiguales desde el momento que nacemos, es diferente la educación que recibimos, el contexto en el que nos desenvolvemos, las circunstancias y el momento histórico, surgen con ello las diferencias individuales, mismas que cada individuo puede usar para victimizarse o tomar ventaja. La igualdad de oportunidades solo es un falso atajo para creer que es posible que todos puedan impulsarse desde el mismo punto.
En lugar de enfatizar en la igualdad de oportunidades, debemos enfocarnos en las bondades que surgen de la desigualdad, en identificar ese conjunto de atributos que nos hacen únicos e irrepetibles y tener claro que son esas diferencias las que nos hacen libres para seguir progresando.
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